El artículo 28 de la Ley del Régimen Penitenciario señala que la institución debe crear espacios y programas dirigidos a la población en privación de libertad para que se capaciten en el área educativa, laboral, profesional y de desarrollo, de esa forma, brindar una readaptación y rehabilitación social.

En este contexto, los privados de libertad que se encuentran en cumplimiento de sentencia en la Granja Modelo de Rehabilitación Cantel, en el departamento de Quetzaltenango, han aprovechado el tiempo y las capacitaciones que imparte la institución lo cual ha permitido que la mayoría de internos trabaje dentro de la prisión.

Al ingresar a la granja las personas que llegan de visita, pueden adquirir diversos objetos elaborados por los reclusos como canastas de diferentes formas, trajes típicos, hamacas, muebles de madera con finos acabados, pinturas al oleo, manualidades entre otros artículos.
Estos objetos se venden dentro de la prisión, otros en cambio son comercializados por familiares fuera del centro, que le provee a los reclusos ingresos para sus gastos personales o ayudar con el sustento familiar.

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Fuentes de empleo

Tras 17 años de estar en prisión el propietario de una de las cuatro carpinterías que funcionan en la granja explicó que en prisión aprendió el oficio y actualmente con él trabajan cuatro personas quienes elaboran y distribuyen muebles en finos acabados según el gusto del cliente, en tanto, los precios varían de acuerdo al material que es utilizado.

La mayoría de artículos que realizan los privados de libertad son distribuidos en el mercado de Cantel, otros por sus familiares y algunos comerciantes llegan al centro de detención a realizar sus compras.

Tal es el caso de Doña María, quien tiene varios años de llegar a la granja con el objetivo de adquirir canastas, indicó que, semanalmente compra de siete a ocho docenas las cuales vende en el negocio familiar.

En el caso de los talleres de telares, aproximadamente 90 reclusos trabajan en la elaboración de cortes típicos desde el devanado de hilo, hasta concluir con la técnica del jaspeado.

Al conversar con un interno que tiene 11 años de trabajar en uno de los talles informó que se tardan dos días para elaborar una pieza de cuatro metros, los precios oscilan entre Q325 y Q500, dependiendo del material, técnica y calidad del producto.

Las actividades dentro de la prisión varían, cada privado de libertad decide a que se quiere dedicar, algunos tienen comedores, tortillerías, peluquerías, crianza de conejos, gallinas. Otros prefieren estudiar o realizar trabajos manuales.

Permisos de trabajo

Lo importante es que un alto porcentaje de la población en privación de libertad, invierte su tiempo de forma productiva dentro de la prisión lo cual les permite aprender y obtener sus propios ingresos.

Para obtener una autorización para trabajar en prisión en primer lugar, el interno debe tener la disposición de aprovechar el tiempo, presentar una buena conducta durante el cumplimiento de condena.

Es de resaltar que en la administración del director general del Sistema Penitenciario, Edgar Josué Camargo Leiere, se apoyan todos los proyectos o iniciativas de los privados de libertad que contribuya en la rehabilitación y reinserción social los cuales son avalados por la subdirección de Rehabilitación Social.